Cuando escuchamos en los medios de comunicación y de voces del mundo científico las consecuencias que hoy ya sufrimos del denominado cambio climático, no solemos reparar en lo trascendental e importante que resulta tener en cuenta estas opiniones, ya que sufrimos desde hace unos años esos efectos que contribuyen al calentamiento de nuestro planeta y que quizá nosotros, los de mi generación, no experimentaremos de la misma manera que los que nos sucederán y en ese aspecto es precisamente donde me preocupa la cuestión, pensando en mis hijos o mis nietos.
Sinceramente creo que la única solución para paliar o aminorar los efectos del cambio climático pasa por emprender una verdadera revolución desde lo cotidiano, desde lo personal e individual que cada persona puede hacer, independientemente de los compromisos políticos que pudieran asumirse y cuyo grado de efectividad es más bien poco. Se trata de que nos concienciemos de que generar menos gasto energético y que renunciar a ciertos caprichos hará más fácil la vida a quienes nos suceden, y en esa tarea el presente y nuestras maneras de actuar en un consumo más responsable puede contribuir – al menos creo que es la vía más adecuada- a la reducción de las consecuencias que ya estamos sufriendo.
Espero que esto sirva para darnos cuenta de lo mucho que cada uno puede hacer por mejorar el futuro de nuestros hijos.