Esta mañana temprano, antes de irme al curro, he pasado por la oficina de correos de Guadalupe y he depositado mis votos para estas elecciones generales de 2008, un derecho que todos los ciudadanos y ciudadanas españolas tenemos y que se recoge en la Carta Magna de 1978 y otras normas complementarias, y que he tenido que adelantar en previsión de que el próximo domingo no pueda estar en el pueblo, donde además está previsto que si es posible ejerza, una vez más, como interventor socialista, para velar por un buen desarrollo de la jornada, donde siempre y según mi experiencia siempre existe una buena sintonía entre todos.Por si tenéis alguna duda aún sobre si ir o no ir a votar, yo os animaría a que lo hicierais, pues aunque no haya ningún partido o propuesta que os convenza también podéis votar en blanco, o nulo. Todo cuenta, y de nada sirve después quejarse, lamentarse o arrepentirse de que la elección no ha sido la adecuada. En mi opinión se debe ir a votar, especialmente quienes ese día no tenéis impedimentos, ejercer el derecho que la democracia nos regala -pensad que en muchos países esto no es posible e incluso ni siquiera pueden elegir entre dos opciones-con un amplio horario para todos, puesto que los colegios se abrirán desde las 9 de la mañana hasta las ocho de la tarde. El domingo, 9 de marzo, no debe faltar nadie a la cita. Hay tiempo para los que duermen la resaca del sábado, para quienes trabajaron durante la noche, para los católicos que deben ir a misa, para las amas de casa… Todos están llamados a las urnas y han de hacer un esfuerzo, pues se trata de algo que sólo hacemos en condiciones normales cada dos o tres años.
Por tanto, votad, votad y votad con todas vuestras fuerzas.