Disfruté como un enano reencontrándome con muchos personajes de la niñez, de mi adolescencia, con rincones y con parajes germelinos, que parecen reposar en algún lugar de mi memoria. Con historias de amor y desamor, con guerras y cruzadas, con mares y batallas de navíos mercantes, con pasajes de la Biblia y con un sinfín de recuerdos entrañables que su autor, posiblemente sin buscarlo, ha logrado arrancarme.
Lo recomiendo y lo volveré a leer en cuanto pueda. Ahora sí estoy en disposición de afirmar que es un buen libro, y que al margen de connotaciones técnicas de carácter literario que obviamente no controlo, es un libro que se deja querer, leer y sobre todo, es un libro abierto a la imaginación, lo cual lo enriquece y fortalece.