De aquel envío llegaron a mis manos algunos libros y documentos escritos por él, entre los que recuerdo “Guadalupe Chiquitín” y “Fray Mundo”, este último aún en mis manos, e incluso algunos Villancicos que a través de Carlos Cordero he recibido diez años después de su fallecimiento, de cuyo “Villancico de los emigrantes extremeños” saqué unos versos para musicalizarlos y darles vida en lo que denominé “Maletas de madera” cuyas notas y letra se escucharon en el I Certamen de Cantautores de Extremadura en el que participé llegando a las semifinales. Sin duda Guadalupe y los guadalupenses tenemos algo pendiente con este escritor, el cura poeta, que dejó de ver la luz en marzo de 1988, hace ahora poco más de 19 años, y cuya sencillez le llevó a escribirme una carta desde la capital del país cuando yo tan sólo tenía 13 años. Estas fueron sus letras:
“Perdóname, amigo Felipe, que no te haya enviado antes lo que me pedías en tu carta, y que me dijiste en la sacristía.
¡Cuánto lo siento!Pero es que hasta ayer no pasé por Madrid y no pude ver tu carta entre otras muchas atrasadas. Pero ya ves que no he tardado nada en enviarte lo que me pedías.
Y que sepas que lo hago con mucho gusto, mucho más que cuando se lo dedico a gente mayor e importante. Tú para mi ya eres imprescindible, desde que eres de Guadalupe y amas a nuestra Virgen y a San Francisco. Rézalos por mi y que un día tú escribas mucho también de ellos. Recibe un abrazo.
Nicolás”
Además de esto, tengo que confesar que por aquella época, cuando lo conocí a él y estuve ayudando al franciscano Luis Vicente García en las tareas de la Revista Guadalupe, surgió mi afición a la escritura que aún hoy mantengo.
Por eso, me parecía importante destacar este entrañable hallazgo personal.