A la hora de cierre de este post y según información recogida en la práctica totalidad de los diarios y periódicos del país los incendios que se mantienen en la Península son un os veinte, superándose ya con creces las cifras de superficie quemada con respecto a años anteriores.
A pesar de que los medios de lucha suelen ser cada temporada mejores, con mayor nivel tecnológico y de eficacia en la extinción, existe un factor crucial, muchas veces descuidado por parte de quienes tienen la responsabilidad directa de velar por él, llaménse agricultores, ganaderos, propietarios de fincas y montes. Todos los que nos metemos de cuando en cuando por el campo solemos apreciar el abandono y el descuido en el que están algunos espacios, conocemos las trabas burocráticas para la realización de operaciones selvícolas y la existencia de otros problemas que contribuyen al incremento del riesgo de fuego, generalmente en esta línea y que bien pudieran evitarse articulando programas específicos de incentivos para la limpieza de fincas, operaciones de desbroces, arreglos de caminos, etc., desde las diferentes Administraciones con competencias en la materia.
Todos los/as ciudadanos/as tenemos la responsabilidad de adoptar ciertas precauciones ante los incendios forestales, y por eso debemos tener especial cuidado con colillas, barbacoas, hogueras, etc., en nuestras salidas al campo. En cuestión de minutos el fuego se propaga sin que podamos hacer nada, sembrando destrucción y muerte allá por donde pasa.
Desgraciadamente la historia se repite y poco a poco, vamos perdiendo biodiversidad y espacios singulares, que nuestros hijos jamás podrán conocer de la misma manera en que nosotros lo hicimos. Eso, además de la pérdida de vidas humanas, es lo lamentable.