Muy cerca de Guadalupe tenemos un lugar excepcional de visionado en los bosques y encinares de Logrosán y Navalvillar de Pela, en la carretera que nos lleva hasta Obando, pedanía del último municipio, y que en esta época constituye un auténtico observatorio para esta especie.
Son, algunas de las oportunidades excepcionales que nos permite el mundo rural, pues difícilmente en otros lugares más poblados y con el cielo cubierto de polución se puede disfrutar de semejante gozo. Constituye pues un regalo más de los que la naturaleza nos ofrece, quizá porque aún somos generosos y responsables con ella, al menos en términos generales, lo que espero algún día pueda servir para mantener intactas las estructuras rurales, su población y generar de algún modo los ingresos necesarios para hacer este medio sostenible.
Espero que los efectos del cambio climático y otras degradaciones de nuestro planeta, nos permitan disfrutar de su compañía mucho tiempo, a los que estamos y a los que estarán.
