Ruralita en Villuercas

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Archivos de la categoría ‘Opiniones’

Recuerdos de la infancia

Publicado por Felipe Sánchez en 31 marzo 2008

Ayer, sin comerlo ni beberlo, y después de -calculo yo- entre 30-32 años, volví a jugar a los pistoleros. Mi pequeño con un Winchester no sé de que año, importado de China, y yo con un revólver también importado de China. Fue muy divertido después de tanto tiempo, y sobre todo fue muy ilustrativo de cómo después de ese tiempo la vida y los hábitos lúdicos también se han transformado, en mi opinión para peor. Alguno podéis pensar en que jugar a los pistoleros es violento, pues es posible, pero os puedo asegurar que en mi generación y muchas anteriores hemos crecido con este tipo de diversiones, y no conozco a ninguno de los que participaban en estos duelos que esté en la cárcel o algo similar.

Los niños de hoy seguramente ya no sepan lo que son los bolindres (técnicamente canicas), el “churro, media manga o mangotero“, el limbo, el “ratón que te pilla el gato”, el “bote”, el propio “escondite”, y así hasta un buen número de juegos “saludables” y “poco costosos” que cada semana practicábamos fundamentalmente en la calle, cuando después de hacer los deberes y a veces sin hacerlos, nos echábamos unos buenos ratos de juego, antes de cenar y acostarnos. Ni que decir tiene que en el verano las sesiones eran continuas y maratonianas.

Hoy en cambio,las cosas son diferentes. La excesiva actividad intelectual de los niños, casi siempre consecuencia del afán de sus progenitores más que de la propia iniciativa o inquietud de los pequeños, les mantiene muy ocupados en sus clases particulares, en sus clases de inglés, de música, de informática y en sus actividades complementarias de por la tarde,. Tanto , que no hay demasiado espacio para el juego tradicional, para echarse a la calle y relacionarse con los vecinos, con las personas del barrio, con los transeúntes de siempre, con el modelo de convivencia de su barrio más cercano, para romper los pantalones en cualquier esquina jugando a los bolindres o cualquiera de las modalidades de juegos “de toda la vida”, claramente olvidados y cuya presencia es testimonial. La playstation, la wii, los pc, Internet y otras herramientas similares, sin otorgarles un papel negativo que para nada tienen, se están convirtiendo en los juegos preferidos de nuestros pequeños, no sé ni quiero aventurarme en afirmar si es mejor o peor, pues tampoco tengo datos científicos para ello. Ahora bien, entiendo que algo se están perdiendo las nuevas generaciones, están ignorando -sin ser ellas las responsables- el aprendizaje de algunas habilidades, algunas destrezas y algunos modelos sociales, que a algunos nos sirvieron y ayudaron bastante.

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Mayor atención a nuestros pequeños

Publicado por Felipe Sánchez en 18 febrero 2008

Si hace unos días, concretamente el día de San Valentín, dedicaba unas palabras a hablar de amor, de algunos tipos de amor, hoy, aún sin celebrar nada parecido, quiero dedicar este post al amor de los padres a los hijos, a la relación entre estos, y a cuáles son alguno de los sentimientos que uno, tras casi cuatro años después de tener su primer y único hijo, tiene.Pienso y me pregunto por qué no dedicar unas letras a mi hijo, de la misma manera que lo hago hablando de los demás, cercanos o no, y ese es pues el objetivo y empeño que hoy me propongo.

En primer lugar tengo que empezar reconociendo alguno de los muchos errores que no sé si son heredados o quizá mal aprendidos con respecto a mi responsabilidad como padre. Me refiero por ejemplo a abusar de la confianza depositada en su madre para evadirme de ciertas tareas, alguna de las cuales he delegado totalmente en ella, bueno no lo llamaría delegar sino más bien hacerme el tonto. Parece más que evidente que los hijos son cosa de los dos, y poco a poco voy asimilando esto, hasta el punto de darme cuenta y asumir ciertas cuestiones que antes no parecían encajar en mi modus operandi, a pesar de que siempre he sido un buen ayudante y colaborador de mi mujer, aunque me hecho el remolón en otras.

La cuestión es que el contacto con los pequeños, el roce más constante y diario, provoca un apego mucho más intenso, una mayor complicidad y un sentimiento mucho más profundo de cariño, que se traduce incluso en una mayor generosidad y una auténtica vivencia de relación paterno-filial. En demasiadas ocasiones, a veces por necesidad, otras por capricho y desidida, he sido un verdadero pasota de mis responsabilidades, es posible que mañana siga siéndolo, pero os puedo asegurar -sin pretender con ello asumir mayor protagonismo- que con los niños se hace mucho más veraz el tópico del “roce hace el cariño”, se experimenta una profunda y estrecha alianza de amor, amistad y pasión, que sólo cuando se es padre se siente.

Me duele por tanto que en muchas ocasiones ignoremos a los pequeños, los involucremos en algunas actividades pensando más en nosotros que en ellos, los arrastremos a sufrimientos y traumas innecesarios, y dejamos nuestra responsabilidad para con ellos, aparcada en cualquier esquina. Es nuestra obligación educarlos en todos los sentidos, no sólo enseñándoles a leer, escribir o a hacer fichas en el cole. Nuestra tarea diaria pasa por hablarle, explicarle y hacerle partícipe de los valores más profundos y elementales del ser humano, de mostrarle con sinceridad el camino más adecuado para las cosas, predicando con el ejemplo y mostrándole nuestra generosidad y bondad por encima de cualquier cosa. Ellos saben de eso y más, son comprensivos, generosos, auténticos, genuinos… en definitiva son niños.

Pensemos por tanto en esto y hagamos propósito de enmienda, ahora que estamos en Cuaresma, para mejorar día a día. Ellos se merecen esto y mucho más…

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Amor para todos los gustos

Publicado por Felipe Sánchez en 14 febrero 2008

Hoy se celebra el Día de los Enamorados, San Valentín, que cada 14 de febrero pretende reivindicar en la humanidad, al menos en la sociedad occidental, la necesidad de que no basta con quererse, amarse o respetarse, sino que además hay que demostrarlo. Parece más que evidente que se trata, sin duda, de una fiesta un tanto distorsionada, al menos manipulada para quienes a golpe de reclamo publicitario, encuentran en esta fecha otro álgido momento de incrementar ventas y tentar los bolsillos, para seducir a quienes ansían comprar ese regalito que tanto le gusta a mamá, a la señora, a la pareja o a aquel amigo al que tanto queremos.

A pesar de esta visión capitalista de la fiesta, irreversiblemente impuesta, es una buena ocasión para reflexionar sobre el amor, sobre los distintos tipos de amor que existen, o que al menos uno ha vivido en carnes propias, y que no siempre tienen que ver con la relación afectivo-sexual entre un hombre y una mujer (heterosexuales), entre dos hombres o dos mujeres (homosexuales) o un poco de todo. El amor, creo yo, va mucho más allá de esto, y es tanto más rico cuanto más vertientes tiene, y tanto más satisfactorio y pleno, cuanto más nos dejamos guiar por sus siempre placenteras sensaciones, a veces de tipo sexual y otras veces más bien de tipo espiritual.

Como el día de San Valentín se suele emplear más para expresar o manifestar las cualidades y la necesidad de alimentar el amor de pareja, no me detendré lo más mínimo en este aspecto, algo que dejo para la intimidad para con ella. Sí lo haré con respecto a esa tipología de amor, que solemos denominar amistad, que viene a ser otra manifestaciòn amorosa más, en la que dos personas establecen una relación de confianza, respeto, tolerancia, admiración, etcétera, que les une profundamente y les provoca una dependencia sentimental, alejada de connotaciones sexuales, y que genera un clima idóneo de diálogo y de entendimiento, a veces infinitamente más profundo que el que existe en la propia pareja, y que establece una fortaleza emocional de una intensidad demoledora, en ocasiones, incluso sin llegar a tener un contacto físico. Parece increíble, pero así es, muchas amistades de hoy día se forjan o nacen al amparo del messenger, el correo electrónico u otros medios cibernéticos, con tal fuerza que parece que existiese algo sobrenatural, que no logramos explicar desde lo humano, y que evidencia -por lo que me cuentan e incluso veo-que la amistad no entiende de dogmas ni de reglas predefinidas.

Por último, no podía dejar de lado el aspecto cristiano, el amor al prójimo, el amor a los demás, que tiene su fundamentación, o al menos así lo entiendo yo, en lo anterior, y que es otra relación, quizá no tan estrecha, basada en muchas ocasiones en valores heredados, en mucho sentido común y en una bondad y generosidad constante, en una perseverante búsqueda de la paz y del bien hacia los demás, en la disposición y entrega hacia los más débiles y necesitados, y sobre todo en disponer de la humildad suficiente para comprender y asimilar conceptos de fe, que no todas las personas viven y que nos suelen cautivar para siempre. Se trata, por tanto de otra dimensión, con aspectos humanos y divinos, pero con un poder amoroso intenso, del cual si nos impregnásemos mínimamente toda la humanidad, otro gallo nos cantaría en cuanto a conceptos de hermanamiento, de paz, de libertad, de solidaridad, y ahora que está tan de moda, esta alianza de civilizaciones sería algo que no se tendría que impulsar, ni usar en beneficio personal o público de unos cuantos, sino que no tendríamos que hablar de ella, porque sencillamente no nos haría falta.

En conclusión: amores los hay a porrillos, la cuestión es que de manera individual, cada cual intente cultivar el mayor número posible de ellos, pues eso será sinónimo de una mayor grado de felicidad y una vida mucho más saludable, al menos en lo emocional.

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Propósitos para el nuevo año

Publicado por Felipe Sánchez en 3 enero 2008

Escuchando una vez más la titulada “Canción de Navidad” que el cantautor cubano Silvio Rodríguez grabó allá por el año 1994, no puedo resistirme a la reflexión a modo de balance y de propósitos que, en los finales y principios de año , siempre se apodera del pensamiento de uno, especialmente sensibilizado por la humanidad y solidaridad que el mensaje cristiano –que no el consumista y puramente materialista- de esta entrañable época nos invade, impregnado de unidad y de amistad, de cariño y de recuerdo, de esperanza y de vida.

Nos recuerda Silvio en la letra de este particular y excepcional villancico que no toda la gente tiene oportunidad de vivir la Navidad de la misma manera y que hasta para esto, existen diferencias y enormes distancias, en función del lugar y la posición que cada cual ocupe. En demasiadas ocasiones le damos la espalda a otras realidades y peor aún, a muchas personas, no necesariamente presentes en países o lugares lejanos, sino seres humanos con nombre y apellidos, con circunstancias muy particulares y próximas a nuestro entorno más inmediato. Todos sabemos quienes son, intuimos que necesitan más que nadie que llegue a sus hogares el espíritu navideño y lo impregne de paz y de esperanza. Sin embargo, nos resulta más fácil que en estas fiestas nada ni nadie nos amargue la existencia, que si existen personas solas, sean los organismos públicos quienes se hagan cargo de ellas, y eso sí, cuando escribimos postales, sms y otros tipos de felicitaciones, se nos llena la boca de palabras como paz, felicidad, solidaridad, unidad, etcétera.

Mis propósitos, o quizás utopías, para el nuevo año son por tanto estos: confiar en que los aspectos humanos y sociales comiencen a tener mayor importancia en nuestra vida, fortaleciendo la convivencia entre los ciudadanos, posibilitando un nuevo modelo de sociedad y también una nueva dimensión de la política, y que ese espíritu que estos días merodea por nuestros hogares se quede el resto del año junto a nosotros.

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