Ayer, algo más de cinco meses después, lo que eran palabras bien sonantes y enmarcadas en un discurso institucional -con las dificultades que eso supone a veces de interpretación y de resolución- se han convertido en una realidad, tal y como el propio Guillermo reconoce y nos explica en su blog.
En ocasiones no resulta fácil -ni mucho menos- conformar el marco de diálogo adecuado para sellar un acuerdo en torno a una cuestión concreta. Si además el contexto es de por sí confuso y adverso (actualmente vivimos un periodo de recesión económica y de dificultades sociales, con problemas muy garves como el paro, la falta de financiación…) parece que lograr un punto de encuentro entre intereses a priori dispares, resulta complejo y casi inalcanzable. Pues bien, a pesar de las dificultades y de las turbulencias que azotan a la sociedad actual, en Extremadura se ha logrado firmar este pacto político y social por Extremadura, que han suscrito los sindicatos más representativos (CCOO y UGT), la Patronal y el gobierno regional. Sin duda un buen ejemplo a transferir a otras regiones del país.
Una veintena de medidas, que también son públicas y accesibles para todos/as, entre ellas la creación del Observatorio para el desarrollo rural y otras tantas, que vienen a reforzar las políticas sociales del gobierno socialista de Vara y que parecen despejar, al menos sobre el papel, el horizonte político-social de esta región, la extremeña, que no se resigna a cruzarse de brazos.
Lo más llamativo de todo y quizá lo que lo haga diferente y claramente innovador, con respecto a otros acuerdos sellados en la historia de la democracia, es el carácter abierto que se le otorga. Para ello se ha optado -en mi opinión con mucho acierto- por ampliar este pacto a la ciudadanía, ofreciéndonos la oportunidad de aportar ideas y de que todos arrimemos el hombro y podamos remar en la misma dirección. Obviamente estamos asistiendo a un cambio radical, o quizás no tanto, de modelo productivo en el que los ciudadanos empezamos a tener el peso que realmente tenemos. Y cuando digo ciudadanos no me refiero a cada uno de nosotros, de manera individual y anónima -que también- sino a nuestra capacidad de generar sinergias y modelos de cooperación que generan interesantes aportaciones, que cualquier político de fondo y no de velocidad, debe manejar con extrema delicadeza. Como pienso y defiendo que Guillermo es un político de fondo, observo que es consciente de ello, y de ahí su implicación y compromiso.