Una vez más el coraje de un alcalde –y yo diría de un pueblo cohesionado- ha dado sus frutos y ha generado un espíritu de optimismo en el mundo rural, esperanzador y alentador para quienes a veces abandonan cruzadas parecidas por el distanciamiento, el aislamiento y a buen seguro por falta de fe. José Vicente Granados, un joven alcalde de un pueblo prototipo de la Extremadura rural que se resiste al conformismo, nos ha dado una excelente lección de perseverancia y de militancia activa en defensa de los espacios y la cultura rural. Quienes hemos tenido la suerte de pasear por este bello rincón de Extremadura y compartir buenos ratos con sus gentes, nos hemos dado cuenta de que lo fundamental en el desarrollo y progreso de nuestros pueblos son las personas, porque está demostrado que aquellos proyectos creados desde la base, con un enfoque de abajo hacia arriba, disponen del mejor de los ingredientes para que finalmente se pongan en marcha y para generar la implicación de un mayor número de instituciones y de personas.
Espero que este hecho estimule a otros pueblos pequeños y les haga abandonar ciertos complejos asociados al pequeño tamaño, a la falta de recursos y a la reducida masa crítica. Nada hay más solidario y más justo que todos dispongan de las mismas oportunidades.
