Un gobierno progresista, de izquierdas, como lo es el que dirige Zapatero, no debe admitir este tipo de propuestas lanzadas como “globos sonda” con el objetivo de que se ponga del lado de los más fuertes. Todos sabemos que en esta crisis como en otras, los más débiles son los trabajadores, los que menos posibilidades tienen de que les concedan una hipoteca o un préstamo, los que llegan a final de mes al límite y los que en el peor de los casos se han visto “de la noche a la mañana” en el paro, sin tener nada que ver y por supuesto, no por culpa de la subida del petróleo o de los alimentos.
La prioridad de un gobierno debe ser siempre atender los casos más graves, establecer prioridades en el tratamiento de las adversidades. En este sentido, simplemente no procede abaratar el despido, pues entonces sí que estaríamos contribuyendo a destruir el empleo desde lo público. Bien está sufrir las consecuencias e intentar poner soluciones desde lo público, pero contribuir con la causa sería hacerse el harakiri y por tanto el rechazo ha sido automático.
Los tiras y aflojas de la negociación social y el pacto social han comenzado. La primera ficha en esta partida la ha movido la patronal, con poca cabeza y menos corazón. Ahora solo espero que los sindicatos comiencen también a batallar y hacer más ruido del que están haciendo, porque hasta el carácter reivindicativo e histórico de estas fuerzas sociales parece haberse apagado con la crisis.
