Esta ruta es de dificultad media y se realiza sin esfuerzo, aunque los contrastes de pendientes, subidas y bajadas, aconsejan dosificarse en todo momento. El paisaje se caracteriza por el olivar y las higueras en las proximidades de los núcleos, y por el encinar adehesado y la presencia del alcornoque en algunos puntos concretos del camino. Esta época es buena para encontrarse con bandadas de palomas torcaces, perdices, tórtolas o el inquieto rabilargo, además de poder vivir lances inesperados como el que tuve a la altura del “Arroyo de Valmorisco” con una hembra de corzo y su cría. Realmente el esfuerzo que las administraciones, en este caso la Mancomunidad de Las Villuercas, Ibores y la Jara, han realizado para el acondicionamiento del camino bien merece una felicitación por poner al servicio de un mayor número de usuarios esta vía, a buen seguro desconocida hasta entonces por lo intransitable de su trazado.
Merece la pena recorrer en dos horas y media los 12 kilómetros por los que discurre la marcha, en soledad o en grupo, eso sí sin prisa para poder saborear a cada paso lo que el camino y su entorno te ofrecen, mucho sosiego y también mucha diversidad.
Por la presencia mayoritaria del olivo, por lo que significa y el interés social que tiene la aceituna, así como por el uso espiritual y de peregrinaje que tiene este itinerario lo llamaremos la ruta del aceite y los peregrinos.